–¿Ya ha cargado en esta gasolinera?

–Sí, alguna vez.

La pregunta me sorprende, pues el hombre se acerca para encuestarme y la verdad que no me interesa escuchar promesas de litros completos cuando todos en este país sabemos que el 90 por ciento de las gasolineras los dan incompletos.

Recién, el Laboratorio de Datos de FOROtv y OPI, Inteligencia Participativa, realizaron una medición en la cual resultó que casi once mil gasolineras del país despachaban litros incompletos, sin contar aquellas que se negaron a ser auditadas.

–Me refiero a que si últimamente ha cargado en esta gasolinera.

–No. Sí he venido, pero últimamente no.

Los mexicanos funcionamos así, sabemos que en casi todos estos comercios con el mismo nombre de Pemex, se ejercen triquiñuelas para robarnos, es decir, darnos menos de lo que pagamos.

¿Y qué es lo que hacemos como compradores? Nada, sólo rezar para que esta gasolinera nos despache un poco más que la anterior.

–Pues le invito a que a partir de ahorita que cargue, mida el rendimiento del combustible. Le comento que somos nueva administración y sólo le pido que verifique cómo le rinde su combustible de aquí a que vuelve a cargar.

–Lo verificaré. Gracias.

En ese estudio, del total de gasolineras revisadas en Puebla, únicamente el 28% tuvo un resultado positivo. ¿Entonces? ¿Jugamos a la ruleta rusa cada vez que cargamos gasolina?

¿Cómo es que el país puede moverse con esos ritmos de corrupción? La gasolinera sirve menos de lo que cobra; la PROFECO la revisa; los despachadores impiden la inspección; las dependencias encargadas de regular estos negocios saben que realizan un acto hasta cierto punto delictivo –¿O no robar se constituye en un delito en nuestro país?–, pero así como mágico es México, los puntos de venta de Pemex continúan trabajando todos los días con la misma normalidad, como si nada pasara.

Ciertamente el tanque de mi vehículo está vacío, de suerte llegué. Quiero creer en la palabra de alguien que se presenta con honestidad a dar la cara y a decirme que ellos sí venden la gasolina que cobran; decido llenar el tanque sabiendo que su capacidad no rebasa los 40 litros. “Donde la bomba los rebase este señor me va a escuchar”.

Al robo de combustible en el despacho, ahora debemos agregar que muchos “empresarios” decidieron comprar gasolina robada para surtir sus tanques; gasolina que puede estar contaminada y que puede dañar los motores de los automóviles. Pero en México eso es lo de menos, lo importante es embolsarse unos pesos de más cuando la gallina está poniendo los huevos de oro, porque después quién sabe. Y digo que es lo de menos porque aun cuando son descubiertos, los negocios continúan funcionando.

La pistola se bota en los 33 litros y yo me sorprendo; le digo que bien lleno y de poco en poco el contador llega hasta los 38 litros, no más. Me siento satisfecho, pago con gusto y desde entonces vuelvo cada semana a cargar mi tanque ahí, sintiendo, de acuerdo al gasómetro, que efectivamente, los litros que me dan, son los que pago.

¿Para qué quiero “litros” de $15 pesos ya con descuento? Lo único que pido es que los que compro estén completos.

Y porque seguramente el lector querrá saber qué gasolinera es ésta, debo decirlo, como también se dicen las cosas malas: la que está en la Plaza Las Ánimas, sobre Circuito Juan Pablo II.

Ojalá que así permanezca, pues de lo contrario, también habrá qué decirlo.

F/La Máquina de Escribir por Alejandro Elías

alejandroeliasg@hotmail.com

@ALEELIASG

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