Luis Felipe Tovar y Edith González ofrecieron en Puebla dos funciones de “Un día particular” en el teatro del Complejo Cultural Universitario (CCU), como parte de una gira nacional que alternan con una temporada en el Teatro San Jerónimo de la Ciudad de México.

La trama se sitúa en mayo de 1938, cuando se llevó a cabo un desfile de las Fuerzas Armadas Italianas en honor a la visita que Hitler hacía a Roma. Ahí, en un edificio casi vacío, es donde se cruzan las vidas de Antonieta y Gabriel, dos vecinos que por razones diferentes no fueron.

Ella, ama de casa, madre de seis hijos, se quedó a limpiar el desorden que sólo se puede generar con una familia así de numerosa. Él, un locutor desempleado sumido en una profunda depresión por ser “raro” en una época en la que simplemente no se aceptaba lo diferente.

“La vida está hecha de momentos distintos y a veces también llega el momento para reírse, así, de repente, como un estornudo”, dice Gabriel ante el momento fortuito de  haberse encontrado con su vecina porque “Rosita”, un ave, se escapó y llegó a su departamento.

El encuentro da a ambos personajes una alegría que consideraban perdida y al fluir de las palabras, descubren que tienen más cosas en común de lo que imaginaban. “El orden la virtud de los mediocres”, es la forma en que Gabriel calma a la mujer abnegada que sólo vive por mantener su casa limpia.

“La cocina no es lugar para hombres”, es otro pensamiento típico de la época y “terminamos siempre adecuándonos a la mentalidad de los demás, aun cuando los demás estén mal”, es lo que ellos ya distinguían de acuerdo a un entorno que no les complacía.

Edith encarnando a Antonieta y Luis Felipe personificando a Gabriel, acaban enredándose en una relación de codependencia, pero al final, cada uno debe regresar a su realidad. Ella a su matrimonio con un hombre machista y él al plan de un desenlace mortal por no estar dispuesto a no seguir encajando en la sociedad.

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