A los misterios de la vida –de dónde venimos y hacia dónde vamos—hay que sumar el de las personas exitosas.

Por supuesto el éxito basado en la satisfacción plena que prodiga una actividad, la cual es ejercida a su máximo potencial por muy pocas personas en el mundo.

Sólo hay un Tiger Woods, un Neil Armstrong, un Stephen Hawking, una Ana Guevara, un Zuckerberg, un Phelps.

¿Qué hace que todas estas personas, que no llegan al .000001 por ciento de la población mundial, estén o hayan estado a la cabeza en sus respectivas disciplinas?

El fenómeno se da en todas las áreas: deportiva, académica, política, musical, científica.

Si bien la investigación de Howard Gardner define ocho inteligencias distintas en el desarrollo de las personas –y con la cual echa por la borda la idea de que la inteligencia académica (sacar buenas notas, aprender de memoria los estudios, obtener méritos académicos) es la única manera de sobresalir–, este estudio no responde con una conclusión rotunda de por qué existe sólo un Maradona, un Messi, un Pelé.

Con otras palabras, Gardner nos explica que cada quién puede encontrar sus talentos a través del desarrollo de alguna de las ocho inteligencias –la que por naturaleza le viene–, pero no llega a aportar conclusiones del por qué un millón de personas que tengan talento deportivo y desarrollen esa inteligencia, pueden ocupar al mismo tiempo el podio para recibir la medalla de oro; sólo uno lo hará.

¿Cómo explicar a los fenómenos de cada disciplina?

Todos conocemos el Cubo de Rubik y lo complicado que es rearmarlo desde una posición desordenada.

Pocas personas lo logran en segundos desde cualquier desorden anterior. Hay incluso campeones de armado del Cubo: el año pasado, Felikz Zemdegs, australiano de 20 años, lo logró en 4.73 segundos batiendo su propio récord.

La teoría entonces es que Zemdegs ha descifrado el mecanismo del Cubo; lo demás es un simple ejercicio de aceleración a sus manos para continuar acortando su marca, pero el secreto del armado él lo tiene estructurado en su mente y en su ser, cosa que los demás no. Quizá el resto de las personas que arman el cubo en tiempos más prolongados, han entendido el mecanismo, pero no tienen el mapa en la mente como sí lo posee Zemdegs.

Si esto es cierto, los iluminados de cada disciplina, son los Zemdegs de la política, la ciencia, los negocios, la literatura, las ventas, el liderazgo…

Es el descubrir la estructura de la disciplina y hacerla suya, lo que consiguió Nadia Comaneci para el rosario de máximas puntuaciones que asombró al mundo en 1976. Su vuelo ágil y simple, da una idea de cómo es que descifró el Cubo de la gimnasia; estar entre el aire y las barras era el movimiento exacto para ejecutarse a sí misma a través del plano que había incorporado a todo su ser.

Y puede ocurrir –como pasó con ella–, que el talento quiera pasarse a otro –Comaneci se convirtió, luego de su retiro, en entrenadora del equipo de gimnasia rumano y posteriormente del canadiense–, pero nunca podrá replicarse porque sólo muy pocos tienen la capacidad de descifrar el Cubo de su disciplina; el resto, con sus talentos innatos, sólo se acercará a ser un buen ejecutante.

Tampoco la constancia, dedicación, sudor y necedad logran el éxito como se quiere creer.

Ahí el ejemplo de JC Chávez y sus hijos. De su familia, únicamente a él se le reveló el armado del Cubo del boxeo.

Muchos jóvenes ponen sus negocios en la cochera, pero sólo uno puede ser Bill Gates.

F/La Máquina de Escribir por Alejandro Elías

columnaalascosasporsunombre@hotmail.com

@ALEELIASG

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