La bebé regresa al hospital que la vio nacer.

Mentira que sólo seamos un México.

Hace sólo cinco meses lanzó su primer llanto aquí.

No es lo mismo el México que circula a diario por la Vía Atlixcáyotl, que aquél de donde proviene la pequeña.

Sólo que hoy entra por la puerta de Urgencias.

Somos un solo país, pero no todos con la misma conciencia, igualdad, posibilidades, valores u oportunidades.

A sus cinco meses la nena vuelve pero ahora para ser operada de los intestinos.

Nuestro México, patriota como él solo, tiene ciudadanos de todas las categorías –que gritan al unísono un ¡Viva México!–, aunque los optimistas y los que ahora se dan en llamar “incluyentes”, sueñen con que no es así y pregonen que todos somos iguales.

La bebé fue internada por abuso sexual. A sus cinco escasos meses de vida.

¿O la bestia que emergió del violador pertenece a la misma categoría que el lector o su familia?

Por supuesto que no. Vivimos en un México que se ha fracturado producto de muchas razones que no vale la pena mencionar, porque sería vociferar sobre la misma monserga de la que todos estamos cansados.

–¡Y la maldita fiscalía no hace nada! –comenta indignada una colaboradora del hospital al ver que llega personal de Delitos Sexuales, pero que se retiran luego de ser informados que la pequeña está en el quirófano.

Más tarde, la bebé es trasladada a Choque –el área de reanimación del hospital donde se atiende a pacientes que presentan situación de paro, respiratorio o cardíaco, o que se encuentran desangrándose por heridas graves –mientras México espera las fiestas patrias para engalanarse de colores, tronidos y música mexicana; de alegría y desparpajo seguramente en los Fuertes de Loreto y Guadalupe, donde los artistas se adueñarán del templete para recibir orgullosos los aplausos del pueblo.

Ni Allende, Morelos, Zapata o Hidalgo, ni los vivas que pretenden traerlos de la tumba sirven en este, Hospital General del Sur, donde al menos hay cuatro enfermos con una sola pierna en la misma sala de urgencias.

Y es que este México es otro, uno utópico donde cualquiera tiene acceso a los servicios de salud, donde todos pueden ser atendidos en una sala de urgencias aunque no alcancen las camillas y para ello se improvisen sillones reclinables y al acabarse estos, se pida prestada a la sala de espera una banca de metal de tres plazas y en ella se atiendan otros más, por lo menos sentados.

No imagino a los familiares de los hospitales Ángeles o Puebla acostados en el piso velando a sus enfermos y pidiendo a Dios que al día siguiente amanezcan mejor. Porque esto de madrugada parece un campo de guerra con decenas de muertos regados por el suelo; sobre cartones y cobijas siendo blanco de moscos y aire frío, húmedo por la lluvia que no para.

Si todos fuéramos Mexicanos de una sola categoría; si fuera cierto que no somos de primera y de segunda, la nena de cinco meses no habría llegado perforada por el deseo malsano de un adulto trastocado; ni el policía a las 5:30 en punto gritonearía sacudiendo a los durmientes:

–¡Ya, a levantarse que tienen qué limpiar! ¡Hay que sacar sus cosas! ¡Todos, ya, a levantarse!

Y el sueño que se va para regresar a la realidad ingrata de este México que no acaba de ser igual para todos.

Cinco meses de vida…

¿A qué México pertenece esta niña que volvió al hospital producto de un ataque sexual?

¿A qué México pertenece el autor de tan indescriptible delito?

¿Cómo hacer para conformar un solo México?

F/La Máquina de Escribir por Alejandro Elías

columnaalascosasporsunombre@hotmail.com

@ALEELIASG

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