Tehuacán. La prehispánica flor de cuetlaxóchitl, mejor conocida como pascua o nochebuena, se ha convertido últimamente en uno de los ornamentos navideños modernos más populares, mismo que con motivo de la temporada decembrina no puede faltar en la ambientación y decoración de los hogares y sitios públicos.
En este municipio, la planta conocida comúnmente como flor de Navidad, corona del Inca, nochebuena, pascua o poinsetia, entre otros nombres, es una especie de la familia Euphorbiaceae nativa del sureste de México y es producida en el vivero municipal “El Sotolín”, de donde se distribuye ya sea para su venta o replantación en los principales parques como el Ecológico, Juárez y Paseo Hidalgo, a fin de adornar y embellecer estos espacios públicos.
 
La regidora de Ecología y Medio Ambiente, Claudia Orozco López,  señaló que dicho vivero, ubicado en el parque recreativo El Riego, tiene una capacidad de reproducción de 12 mil plantas, siendo framboyanes, jacarandas, pirules y cedros blancos los cultivos más comunes.
 

Sobre la flor de nochebuena

 
Si bien el cultivo de esta flor es importante en los municipios de Tehuacán, Tianguismanalco, San Salvador El Verde y Huaquechula, el principal productor es Atlixco, seguido por Huauchinango, Xicotepec y Zihuateutla.
 
Según información recabada, la especie que por su colorido da un toque de vida y esperanza, se descubrió en México en 1834, su nombre es de origen náhuatl  y significa “flor de pétalos resistentes como el cuero” o “flor que se marchita“.
 
A nivel estatal, desde mayo, en más de 250 viveros, se empieza el cultivo de la flor tradicional de color rojo y de otras nueve variedades en tono mármol, salmón, rosa, rojo con blanco y crema con rojo, con el objetivo de que estén listas para su venta a partir de la segunda semana de noviembre.
 
Actualmente, la comercialización de esta especie se da principalmente al pie del vivero, en la central de abastos y en los mercados de Huixcolotla y Tepeaca; sin embargo, algunos productores también llevan la flor a los estados de Yucatán, Tlaxcala, Hidalgo, Veracruz, Tamaulipas, Nuevo León y  la Ciudad  de México.
 
En el ámbito nacional, Morelos ocupa el primer lugar en producción, le siguen Michoacán,  la Ciudad  de México, el Estado de México y Puebla; en tanto, en el mundo el mayor productor es Estados Unidos.
 
Independientemente de las propiedades medicinales que posee y que merece un tema aparte, es importante destacar que su uso se inició por una tradición navideña tomada de los países anglosajones que impusieron la costumbre de adornar las casas con árboles y plantas.
 
La también conocida cuetlaxóchitl, así como flor o estrella de navidad, es de hojas de color verde oscuro con los bordes dentados y posee otras hojas coloreadas con aspecto de pétalos brácteas, cuyo color puede variar de rojo a blanco, amarillento o rosado.
 
Florece de noviembre a enero y su propagación se realiza por estacas, ya que las semillas son abortivas. Crece en zonas de clima templado y cálido y, en forma silvestre, se le encuentra en algunos lugares de Oaxaca, Chiapas y Puebla. De la corteza y brácteas se extrae una sustancia colorante llamada látex que en Guatemala se utiliza como depilatorio.
 
Los expertos en su cultivo recomiendan que cuando esté floreando se exponga en lugares con abundante luz, pues en ambientes secos y poco iluminados, se desprenden las hojas. Uno de los principales cuidados que se le debe tener es no mojar las hojas rojas, dado que esto hace que se manchen o decoloren.
 
Después de la temporada decembrina las plantas pueden transplantarse en el jardín u otro sitio donde no les de completamente el sol, a fin de que duren todo el año. Puede medir hasta cinco metros en forma de arbusto, aunque cultivada suele alcanzar apenas la altura de  50 centímetros .
 
La nochebuena es nativa de México, originaria de Taxco, Guerrero. En lengua náhuatl se le conoce como cuetlaxóchitl que quiere decir: “Flor de pétalos resistentes como el cuero”.
 
Entre los pueblos mesoamericanos particularmente los mexicas, el cultivo de flores y plantas tenía especial importancia. En el México precortesiano, la flor constituía un símbolo que correspondía “a la nueva vida adquirida por los guerreros que morían en batalla”.
 
Se dice que en el siglo XIX, allá por el año 1828, el embajador de Estados Unidos, Joel Roberts Poinsett, tuvo predilección por esta planta, adjudicándosela y cambiándole el nombre a “poinsetia”, con el cual se le conoce en la vecina nación del norte y en otros países europeos.

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