La actividad diaria continúa, cada vez cobra más vida; aunque el ambiente se percibe nostálgico aún. Al caminar por las calles la sensación de aquella fatídica tragedia se siente.

A siete años de la explosión en San Martín Texmelucan, ocurrida la madrugada del domingo 19 de diciembre de 2010, en la colonia El Arenal, el riesgo sigue latente.

“Seguimos en pie, pero no vivimos en paz porque estamos con la angustia de que vaya a pasar otra vez”, narra a Síntesis doña Cecilia Reyes, quien rememora con melancolía aquel suceso del cual, afortunadamente, salió viva.

La tragedia, incitada (según los reportes oficiales) por tomas clandestinas de combustible que provocaron el derrame de miles de litros de diesel y combustóleo, mató a más de 30 personas y dejó varios heridos.

Y es que la señora, quien vive sobre la calle San Damián –una de las avenidas que “explotó”, porque debajo de ella corren tuberías de Petróleos Mexicanos (Pemex)- recalca que les han advertido que va a suceder otra vez, “pero no sabemos ni cuándo, ni a qué hora, ni cómo”. Ante ello, siempre está alerta.

En su memoria quedaron guardadas todas las imágenes de desesperación, miedo, angustia y horror que vivió en carne propia; al recordarlas, sus ojos se llenan de lagrimas y se le hace un nudo en la garganta.

Recapitula que alrededor de las 5:50 de la mañana escuchó una intensa explosión mientras realizaba ya algunas actividades cotidianas; intentó abrir la puerta para checar qué era todo ese escándalo; pero cuando observó hacia afuera de su vivienda ya estaba “una calle de lumbre”.

Foto: Oscar Bolaños

De inmediato, junto con los 11 integrantes de su familia, trataron de desalojar la casa. La lumbre ya los alcanzaba; tuvieron que perforar una pared trasera con un pico por donde -por fortuna- pudieron salir y escapar de las llamas.

Esa suerte no la tuvo su vecino, quien al ver todo el incendio intentó salvar a su familia, sus dos niñas y su esposa; las subió a su auto y trató de huir, pero al prender el motor de la unidad, explotó. Todos murieron.

“Todos pedían auxilio estaba un horno, los cables se hacían muy feo, era una cosa horrible”, describe.

El escenario era desolador, una tragedia espantosa. Algunos habitantes en sus hogares estaban encerrados completamente. Se quemaron.

En una vivienda, de esa misma calle, habitaban once integrantes de una familia, ahora es una pequeña capilla, el dueño ya no vive ahí. Todos, excepto él, murieron calcinados.

No se olvida

A pesar de que están a la expectativa de lo que pudieran pasar, a los vecinos de San Martín Texmelucan no les queda otra más que continuar con su vida, a pesar del miedo que tienen de que vuelva a suceder.

Lo único que piden es que “Dios los salve y libre” de que otra vez vuelva a suceder al estar expuestos a los tubos de Pemex.

Tal cual lo narra don José Reyes Campi, quien explica que antes de la tragedia hace siete años, escuchaba sobre lo sucedido en San Juanico, donde explotaron plantas de almacenamiento y distribución de Petróleos Mexicanos, y decía “pobre gente”.

No obstante, vivirlo en carne propia, le cambió la vida, “es muy feo”, acentúa

Al escuchar la explosión, también toda su familia pudo salir de la vivienda; sin embargo don José subraya con énfasis: “si nos hubiéramos dilatado 3 o 4 minutos más dentro de la casa, quién sabe que nos hubiera pasado”.

Como fe de lo sucedido y en honor a las víctimas de aquel cruel suceso, a la fecha se encuentra un monumento edificado donde se encuentran los nombres de las personas que murieron para recordarlas tras la explosión ocurrida el 19 de diciembre de 2010.

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