No es menor. El PRI decidió lanzar a Enrique Doger, su mejor cuadro a la madre de todas las batallas: la gubernatura del estado, teniendo como adversaria, al mejor cuadro del PAN, Martha Erika Alonso.

Si en el PRI temían que se hubiera dado un pacto entre José Antonio Meade y Rafael Moreno Valle parece quedar claro que no hay tal.

Esto pone a la campaña en Puebla en el foco del escenario nacional, porque se antoja por lo menos muy, muy competida.

Veamos.

Enrique Doger posee el mejor nivel de conocimiento público en su partido, de acuerdo con las cartas credenciales que presentó. De hecho, la mayor intención de voto. También una buena cantidad de negativos.

Algo relevante es la solidez de las simpatías ciudadanas hacia Doger, pues ésta es la tercera ocasión en que buscaba la candidatura a la gubernatura. La primera la perdió ante el nefasto dedazo de Mario Marín para imponer a Javier López Zavala. La segunda, el PRI se inclinó por Blanca Alcalá, y en esta ocasión, convenció a todos. A los Enriques: Peña Nieto y Ochoa; a José Antonio Meade, y a la cúpula local.

Doger dejó de ser alcalde en 2008 y desde entonces no ha perdido competitividad, pese a no tener cargo público altamente visible (en 10 años fue diputado federal y delegado del IMSS).

Ésta es la oportunidad que tiene Enrique Doger de demostrar lo que vale su postulación. Y para ello debe convencer a todos los grupos priistas de sumarse a él, de no dejarlo solo, de no simular. Porque no es una competencia Martha Erika-Enrique Doger, sino implica la operación de las maquinarias electorales de ambos bloques, sumando al escenario el factor Andrés Manuel, claro.

Nada fácil es la tarea que tiene ante sí porque como se sabe, se enfrentará a la más fuerte de las actuales franquicias políticas. El morenogalismo. El PAN tiene hoy el gobierno del estado, la mayoría absoluta en el congreso y ha desmantelado al PRI desde dentro: se llevó a los Morales (Fernando, Jesús, al menos) y a un sinnúmero de priistas.

El PAN de Moreno Valle ha minado la independencia de los alcaldes del PRI, muchos de los cuales están más cerca del blanquiazul que del tricolor. Y es difícil suponer un acuerdo con Meade como para perder el estado.

Sin embargo, Doger tiene estrategia, buen posicionamiento, grupos amplios de seguidores en todo el estado, energía y convicción. Es sabido, pues, que Enrique es más Guerrero que Doger. Así que se antoja que ésta será una campaña que sacará chispas porque si algo tiene el exrector de la BUAP, es buen discurso.

Un hecho que me desconcierta es que el PRI haya decidido enviar a Deloya a la candidatura a la alcaldía, pues se presumía que deberían llevar a un ciudadano apartidista para conseguir votos switcher. La lucha, pues, Lalo Rivera-Guillermo Deloya se antoja un poco en desventaja para el priista.

Habrá que leer bien a los encuestadores para entender cuáles serán los botones que encenderán la decisión ciudadana, no del voto duro, sino del apartidista:

  1. ¿Votarán en bloque por Morena, hartos de la violencia nacional y los gasolinazos?
  2. ¿Se inclinarán por un joven Ricardo Anaya y sus candidatos con su discurso anti corrupción contra el PRI?
  3. ¿O se irán por la ‘estabilidad’ y experiencia que vende Meade ante el miedo de lo que representa Andrés Manuel?
  4. ¿La elección de Puebla se mantendrá impermeable a estas razones de voto y será una auditoría, un plebiscito al gobierno panista de los últimos siete años? Si así fuera ¿cómo saldría evaluado este periodo? ¿Lo suficientemente mal para darle a Doger la victoria o será un refrendo de que el ciudadano poblano no quiere que vuelva el PRI a Casa Puebla?

Nada fácil advertirlo a cinco meses de la elección, ¿verdad?

Gracias y ya nos leemos el miércoles, pero en las redes que están que arden, nos vemos todo el tiempo como @erickbecerra1

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