Atlixco. La ausencia notable de pestañas postizas, trajes recién planchados y trenzas de cabello falso de los ballets profesionales en la edición 53 de la fiesta grande de Atlixco, indicó que está retomando su esencia, este 2018 la plazuela de la danza fue pisada y usada como escenario por danzantes originales de cada una de las zonas etnogeográficas del Estado de Puebla.

A diferencia de hace pocos años, las chinas atlixquenses y los charros de a pie, con el calabaceado volvieron a dar inicio a la fiesta, acompañados de las tradicionales mogijangas abrieron pista devolviéndole también el entusiasmo a sus fieles seguidores, que durante años anteriores terminaban molestos porque a los anfitriones los dejaban para el ultimo.

Una fiesta de color y música de viento fue la que presenciaron los más de seis mil espectadores que se congregaron en toda el área que da vista a la plazuela de la danza, sin importar si fue desde una roca, un andador, el graderío alto o el bajo, tras bambalinas o desde el mismo balcón presidencial.

Huey Atlixcáyotl de regreso al origen

Todo comenzó en tiempo y forma, a las nueve de la mañana estaban listos los danzantes en el parque el Ahuehuete para iniciar el acenso por la ruta de los Solares chicos y grandes, hasta iniciar el acenso a Neototiloyan, donde ya los esperaba un lleno total de gente proveniente de todas partes de Puebla y del país, así como algunos extranjeros.

Al ritmo de las sonajas de los quetzales, de los cohetones tronando en el cielo azul, del látigo del jaguar, el recorrido se hizo menos pesado pese al inclemente sol que ya se dejaba sentir, porque además hay que tener condición para ir bailando, sonriendo, cargando la canasta o el penacho de plumas mientras van cuesta arriba sobre el tradicional camino empedrado, ordenado huertas de frutos como guayaba, durazno, jaquinicules, granadas, peras, manzana, criolla, entre otros.

A la llegada a la explanada cada cuadrilla de danzantes toma su lugar conforme el turno que les toca en el programa, en tanto el gobernador del Estado, en esta ocasión Antonio Gali Fayad corona a la Xochicihuatl y sus Xochipilme, es decir la reina flore y sus princesas, quienes a su vez otorgan el bastón de mando al mandatario.

Posterior al protocolo, aparecen bajo el arco de cucharilla laboriosamente tejido un día antes ahí mismo en la plazuela, aparecen las mojigangas detrás de ellas los anfitriones quienes danzan el baile de las calabazas el cual finalizan compartiendo el mezcal y la fruta de la región que llevan.

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Este año, después de ellos se presentó por primera vez en Atlixco el estado invitado, Hidalgo con dos bailes, el primero la danza de los tlamales, que significa elotes, con la que se hace un agradecimiento y devolución a la tierra de todos los bienes que ofrece, todo esto entorno a una mesa cuadrada que representa los cuatro punto cardinales. El segundo número de este grupo de danzantes fue el carnaval de las flores.

Le siguió la danza de los negritos de la sierra de Puebla y representa la matanza de a víbora. Le siguió la cuadrilla tarrasgota de San JuanTianguismanalco que arrancó los aplausos de los asistente debido a la cantidad de pequeñas participantes ataviadas con su traje tradicional, cargando sus canastas de flor de estate y bailando al son de los demás integrantes del grupo, sin temor.

En tanto en el palco de honor el gobernador del Estado, Antonio Gali; el presidente municipal, José Luis Galeazzi y el padre del Atlixcáyotl, Noe Stange ‘Cayuqui’, disfrutaban del espectáculo, acompañados de la primera dama de Atixco, Elvia Siliceo; así como la mujer flor, Aledelaida Sánchez Barragán, del estado de Huauchinango y las princesas Monserrat Hernández de Cuetzalán y Liz Madai Vázquez de Ixtepec.

Es preciso señalar que la presentación de Ixtepec, en esta edición 2018 del Huey Atlixcáyotl, cumple con uno de los objetivo planteado por la fiesta; el rescate y preservación de las danzas y traiciones de las 11 regiones etnogeográficas de la entidad poblana, para este caso la danza de las flores con las que se presentó este municipio, es la primera vez que sale de su comunidad y fue directamente para este festival.

Y fue entonces cuando los ánimos se encendieron pues sonó el látigo y los viejitos ‘sombrerudos’ salieron danzando en la persecución del tecuan, con la bruja, el diablo y de igual manera pequeños originarios de Acatlán de Osorio, caracterizados de tecuanes, los asistentes sacaron la cámaras, montaron los celulares en los palos de ‘selfie’, se acercaron al escenario todos querían una toma única e inolvidable de esta danza.

Fue el turno entonces de los quetazales de Huauchinango, con sus penachos enormes y multicolores parecía que la explanada les quedaba chica, llenaron cada centímetro del lugar, sus sonajas marcaron el ritmo y los plausos no se hicieron esperar. Casi al final de esta danza el gobernador Tony Gali, desapareció del pódium de honor, se retiró sin aspavientos, sin casi nadie lo notó.

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Y así llego el plato fuerte, los voladores de Cuetzalán, quienes en esa ocasión asistieron ataviados con rajes de hombres pájaro, entre ellos destaco la presencia de una mujer voladora, dos jaguares y dos danzantes con el traje tradicional de volador. Tras pedir rendir tributo a los cuatro puntos cardinales y solicitar el permiso al universo emprendieron el vuelo en descenso, ocasionando que los asistentes se pusieran de pie para alabar su valentía de surcar el cielo de Atlixco sostenidos solo de una soga.

Al terminar su vuelo los ocho integrantes de este grupo acudieron al frente del escenario para hacer una reverencia al público que no dejaba de aplaudirles de pie, mientras vitoreaba su azaña, fue entonces cuando todos, tecuanes, chinas, charros, tarrasgotas, negritos, quetazales, hidalguenses, publico, autoridades, mojigangas, todos subieron a la plazuela a danzar.

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Compartieron el mezcal, el pulque, el tejón, se abrazaron, felicitaron y tomaron muchas fotos con los danzantes, cerrando de esta forma en Atlixco no solo la edición 53 de la fiesta grande, si no del mes de septiembre y todas sus actividades culturales.

Huey Atlixcáyotl, el encuentro de las etnias, cumplió con su misión en este 2018, pese a su aparente estancamiento la fiesta cultural más importante del estado de Puebla y la segunda a nivel nacional, sigue siendo uno de los atractivos más poderosos que tiene Atlixco y ese año logro congregar a más de seis mil personas.

Queda pendiente para los siguiente gobierno tanto municipal y estatal lograr que esta fiesta, que es consecuencia de que hace 53 años se hizo una investigación antropológica liderada por el antropólogo estadounidense Noe Stange, hoy conocido como Cayuqui, consiga el denominativo de Patrimonio Cultural de la Humanidad, emitido por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).

De igual manera en el tintero quedan la necesidad urgente de establecer una estrategia o las modificaciones necesarias para dar cabida a todos aquellos que quieren presenciar esta fiesta, debido a que en este año, muchos asistentes se regresaron molestos al no poder ingresar a ni una de las zonas de gradas, ni siquiera poder subir a la ermita o a uno de los andadores, debido a la saturación de gente.

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Por ello protección civil y policía municipal instalaron una vaya a unos 15 metros de la plazuela con la que desde las 10 de la mañana ya no permitieron el acceso a nadie, pese a contar con pases para las gradas bajas.

Así mismo de la repartición de dichos pases, ya que año con año esta actividad se ve envuelta en dime y diretes debido a que pese a que son mil los que corresponde a Atlixco, se terminaron casi de manera inmediata en cuanto se anuncia su entrega, por lo que los ciudadanos en general señalar que existen preferencia y amiguismos en la entrega de los mismos.

En cuanto a la fiesta como tal, para los asistente de esta edición fue un gusto volver a ver a los danzantes originales, porque hace que la fiesta se sienta propia, “así realmente nos da identidad, porque cuando traían escuelas de danzas, todo era tan de plástico, que ni se emocionaba uno”, comento Xochil una de las espectadoras que llego desde las ocho de la mañana para tener un buen lugar en el graderío bajo.

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