Atlixco. La Cámara Regional de Obrera Mexicana (CROM) tuvo dos grandes líderes, Antonio J. Hernandez y Eleazar Camarillo, el primero recordado y homenajeado por los aun miembros de la Confederación Obrera Mexicana y el segundo olvidado por todos en Atlixco.

El primero nace un 6 de enero y el segundo muere un 30 de enero, en el intermedio, el 17 de cada enero por ser el día de San Antonio Abad, se manifiesta a quien recuerdan los agremiados, porque cada año se dan cita en el cementerio de esta ciudad para decir unas palabras ante la cripta familiar de Antonio J Hernández; mientras por el contrario y aunque la de Eleazar Camarillo siempre luce impecable pocas, poquísimas veces se ve a alguien llevarle una flor o dedicarle unas palabras.

El mensaje de los representantes, delegados y agremiados de la Confederación Nacional Obrera Mexicana de la que fue asesor vitalicio Antonio J Hernández este 17 de enero de este 2019 fue el siguiente:

Entrañable compañero y líder nacional de la Confederación Nacional Obrera Mexicana, estamos aquí reunidos a 100 años de la vida de la CROM, para ofrecer cálido homenaje, como años tras año, es una tradición cívica de parte de la única federación que se acuerda de usted, señor que dejo sembrado su espíritu de lucha, ferro carácter de defensor de los derechos laborales”, indicaron al pie de la cripta y con la música de fondo.

Reconociendo a este extinto líder como un hombre de carácter, como el hombre que a donde llegaba daba catedra de la defensa de los trabajadores, porque aseguraron que nunca escatimo ni tiempo ni esfuerzo para ello.

El llamado al final fue para las nuevas generaciones a seguir el ejemplo, defendiendo los derechos de los trabajadores, que la CROM no solo se conserve si no que siga creciendo, “debemos estar preparados para hacer frente a las adversidades como lo hicieron los iniciadores, la CROM sigue, la lucha sigue, ¡viva don Antonio J Hernández! ¡Viva ala CROM!”, finalizaron.

En el otro extremo y no precisamente del camposanto si no de la mente de los integrantes de esta confederación y de los mismos atlixquenses que de la historia reciente se han dedicado a borrar el nombre de Eleazar Camarillo Ochoa.

Pocos le dedican recuerdos a este líder de la CROM nacido en las filas de un priismo de hueso colorado, uno de los que no lo olvidan es el doctor Rogelio Pineda, quien cada año al menos desde que existen las redes sociales, le dedica una palabras intentando que de la memoria colectiva realmente no desaparezca.

Tras hacer un recuento de los años gloriosos de las fábricas en la región lo define como Eleazar o el Patrón como también era conocido por sus allegados: “aunque muchos se atribuyen que ellos fueron los que opacaron al líder, la verdad es que el cierre de las fabricas fue la causa principal, aunque siguió teniendo el poder muchos años más”, relató quien fue también director de la policía municipal en tiempos del otro Eleazar, de Pérez Sánchez, hace apenas dos mandatos municipales.

Fue un 31 enero de 1999 recordó: “En el preámbulo del cambio de gobierno de Puebla, siendo diputado federal por el distrito de Atlixco, alrededor de las 7:30 de la mañana, fallece en su oficina de su casa junto a la iglesia de la Soledad”.

Y continua en su texto: “Es importante señalar que días antes había iniciado el proceso de transformación de la Cámara del Trabajo, situación que no se dio”.

En este 2019, se cumplen 20 años de la muerte del líder, del patrón, del amigo para muchos, del salvador para otros, del asesino para unos más.

La CROM, la de Eleazar Camarillo, finalmente se ha dividido, al frente sigue la familia de Leovigildo, otros como los llaman en Atlixco, los Liras, los Villas, los Ordoñes han tomado cada uno su rumbo

Ahora ya no recuerdan que en su momento como los cuenta Rogelio Pineda, abarrotaban las gradas del campo de béisbol La Concha en cada partido, porque hoy ese campo pertenece a Antorcha Campesina.

Y cuestiona aún: “dónde están los priistas que llegaron al poder gracias al líder, ahora ya no se acuerdan de aquel que a tanto y tanto favores le pidieron, hoy su tumba, como cada año, se encuentra abandonada, nadie se acerca a regalarle una flor”.

Rogelio Pineda recuerda bien la mañana en que murió Eleazar Camarillo, pero sobre todo recuerda y da razón a la frase que el mismo cacique dijo días antes en una reunión con sus seguidores “que triste es sembrar en el desierto”.

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