Una vez que concluya el proceso electoral 2019, la elección extraordinaria en la que resultó ganador Luis Miguel Barbosa Huerta, ahora virtual gobernador poblano, el partido Morena tendrá que hacer una limpia entre sus filas.

Una purga interna para sacudirse, expulsar o sancionar, según sea el caso, a todos aquellos que se hicieron tontos en la elección y no cumplieron con su parte.

Es decir, tendrán que juzgar en Morena a todos aquellos que realizaron una campaña de brazos caídos, a quienes simularon, a quienes hicieron un doble juego o de plano se echaron a sus bolsillos lo recursos para movilizar a la estructura de Morena.

Afortunadamente, ya se estudia a detalle quién operó y quién no para hacer ganar, o para perjudicar al hoy mandatario electo.

De paso, Morena y su dirigente nacional, Yeidckol Polevnsky Gurwitz, van a tener que meter en cintura a quienes se insubordinaron e hicieron de su supuesto apoyo a Barbosa todo un teatro.

Son muchas las sorpresas que se darán -dentro y fuera de Morena- cuando trascienda la evaluación del resultado de la elección.

Si bien el hartazgo, el clima y hasta el hecho de que no estuviera el presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) en la boleta electoral de Puebla sumó al abstencionismo, lo cierto es que hay responsables, también, del desánimo de la gente para no acudir a las casillas.

Así que, como dice el dicho, si ves las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar.

El refrán le queda como anillo al dedo a muchos que se dicen morenistas, soldados de la cuarta transformación, seguidores de AMLO, luchadores sociales y justicieros pero que a la hora de la hora se hicieron patos.

Y eso, Miguel Barbosa no lo olvida.

Más bien el actual gobernador, como un político magnánimo, “perdona pero nunca olvida”.

Y será, seguramente, a través de Yeidckol Polevnsky como se empiece una limpia en Morena en Puebla para que las cosas empiecen a caminar en la misma línea del gobernador Barbosa.

Es lo que cualquier partido haría después de haber ganado la gubernatura y haber obtenido el control del estado.

La nueva clase política poblana debe tener orden y disciplina.

Así que en ese sentido, es un hecho que Morena ajusticie a los diputados Héctor Alonso Granados, el misógino de la LX Legislatura, y a José Juan Espinosa Torres,  diputado del PT.

A estas dos blancas palomitas legislativas les van a cortar las alitas que les puso Morena para darse vuelo en el Congreso del Estado porque, dicen, picaron y mordieron la mano que les dio de comer.

Serán los trofeos de Morena para mostrar justicia y castigo a  la traición.

Porque, juran, ya tiene hasta el cocol a la líder nacional de Morena, quien dio órdenes irrefutables de echarlos de su grupo y de todos sus acuerdos y negociaciones.

Y detrás de estas figuras y órdenes aquí viene todavía lo mejor: siguen los peces gordos y grandes que se sentían intocables por el simple hecho de tener un “cargo público importante”, disque amparado por la marca Morena.

Mientras tanto, Morena y el gobernador electo, Miguel Barbosa, disfrutan de la victoria, de la vida y de la amistad lograda durante un largo tiempo de campaña.

Porque su equipo de campaña ya es como una familia.

Una casta que, primero, atestiguó una elección en la que les pegó la derrota, y una elección más en la que por fin, después de trabajo arduo, esfuerzo y lucha alcanzaron la victoria.

Esos son, no cabe duda, los triunfos que más saben y más se disfrutan.

Ahora lo que sigue en Puebla es gobernar y gobernar bien.

Porque los poblanos van a criticar o elogiar el nuevo gobierno de izquierda.

Ya veremos cómo le va al nuevo gobernador Miguel Barbosa.     

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En twitter: @poncharelazo

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