Estados Unidos afirma que fue un atentado, Irán revira diciendo que “alguien” está sembrando pruebas en su contra como pretexto para provocar un conflicto bélico, el 12 de mayo pasado, Arabia Saudita denunció que dos de sus buques sufrieron un sabotaje mientras navegaban por el Golfo Pérsico en una zona exclusiva de Emiratos Árabes Unidos, en el área de Fujairah y culpó de ello a Irán.

“Uno de los buques iba camino a cargar petróleo saudí al puerto de Ras Tanura para entregar a clientes de la petrolera estatal Aramco en Estados Unidos. El ataque buscaba socavar la libertad de navegación marítima y la seguridad en el abastecimiento de combustible a los consumidores de todo el mundo”, indicó un comunicado oficial saudí.

Lo maquiavélico es que un mes después aconteció otro sabotaje contra dos barcos, uno noruego y otro japonés, justo en Ormuz y en un día histórico para las relaciones japonesas-iraníes.

Shinzo Abe, primer ministro de Japón, visitó Teherán tras 40 años de gélidas relaciones, ningún otro de sus antecesores había tomado en cuenta a Irán; fue recibido por el presidente Hasán Rohaní, preocupado por expandir sus relaciones con el resto del mundo y sobre todo, por evitar que el restablecimiento del veto de Trump contra la nación de los ayatolás termine enviando a su economía definitivamente a la congeladora.

El día 12 de junio pasado, justo cuando Abe y Rohaní, hablaban de la paz mundial, de la importancia de la globalización y el multilateralismo un nuevo connato sucedió en Ormuz contra dos cargueros, el MT Front Altair bandera de las Islas Marshall pero propiedad de Noruega y otro, el Kokuka Courageous, bandera panameña y propiedad nipona.

El Front Air procedía de cargar en Emiratos Árabes y se dirigía a Taiwán con 75 mil toneladas de nafta, un derivado del crudo; mientras que el Kokuka Courageous, llevaba metanol al puerto de Singapur.

Ambos buques petroleros quedaron tan dañados por explosiones de origen desconocido que un total de 44 hombres debieron ser rescatados por la marina iraní, aunque la Unión Americana también ordenó que sus barcos cercanos acudieran a prestar ayuda.

Para Rohaní su posición es clara: “La República Islámica no iniciará ninguna guerra en la región, ni siquiera con Estados Unidos, pero si la guerra comienza con Irán, daremos una respuesta decisiva”.

No tirarán la primera bala ha dicho el líder persa pero se defenderán a toda costa de ser necesario, a Washington le preocupa que el régimen esté a punto de hacerse con una bomba nuclear; y detrás de esa angustia obsesiva está Israel que lo ve como un enemigo claro.

Antonio Guterrez, secretario General de la ONU, ha propuesto abrir una investigación al respecto para deslindar responsabilidades, al tiempo que pidió rebajar las tensiones entre Estados Unidos e Irán a fin de evitar una mayor escalada en las acusaciones mutuas.

“La ONU puede actuar como una entidad independiente que coadyuve como verificador de los hechos, ante todo debe evitarse una confrontación a gran escala que salga del Golfo Pérsico”, reiteró preocupado.

A COLACIÓN

Como garante de la paz, a la ONU se le multiplican las tensiones, con un Trump envalentonado que va sacando a su país de diversos órganos y programas adscritos a las Naciones Unidas; organismo al que ya amenazó con rebajar sus aportaciones pecuniarias.

Desde la Casa Blanca acusan a Irán de provocar el accidente, señalan la aportación de pruebas grabadas, el origen del ataque no está aún determinado si fue por drones, torpedos o bombas lapa pero Estados Unidos muestra un vídeo con los dos cargueros ardiendo… sin embargo, el propio Irán ha rescatado a ambas tripulaciones.

Flota en el aire la duda de si la inteligencia iraní o la Guardia Revolucionaria son conscientes del momento vertiginoso, la más mínima provocación puede desencadenar una guerra.

Si como afirma el Pentágono, el ataque ha sido perpetrado por la nación de los ayatolás (tras mostrar un vídeo que vio el presidente Trump de supuestos guardias iraníes retirando una bomba lapa que no explosionó de uno de los cargueros) entonces flaco favor se le está haciendo a la paz mundial y a ellos mismos poniéndose una soga alrededor del cuello.

Directora de Conexión Hispanoamérica, economista experta en periodismo económico y escritora de temas internacionales

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