En abril pasado, Estados Unidos anunció el fin de las exenciones que había concedido a China, India, Italia, Grecia, Japón, Corea del Sur, Taiwán y Turquía para que siguieran comprando petróleo a Irán.

Desde que Trump rompió unilateralmente con las bases del Acuerdo Nuclear signado en 2015, y reeditó las sanciones, la producción de crudo en Irán se redujo en 227 mil barriles diarios para reajustarse a 1.23 millones de barriles de crudo diario.

De acuerdo con la OPEP, las reservas probadas de petróleo en Irán, se contabilizan en 155 mil 600 millones de barriles y de gas natural, aproximadamente en 33 mil 810 billones de centímetros cúbicos; en sus mejores tiempos, su producción diaria de crudo era de 3 millones 867 mil 300 barriles diarios.

Irán dedicó ocho largos años en buscar un acercamiento con la Unión Americana a fin de que le levantasen las sanciones económicas, de inversiones, financieras y comerciales, lo logró gracias a la mediación de Francia, Alemania, la UE, China y Rusia; fue firmado un Acuerdo Nuclear avalado por el entonces presidente Obama.

El intercambio consistió en que Irán aceptaba sujetarse a inspecciones periódicas por parte de la ONU y de investigadores avalados de prestigio internacional para asegurar que no desarrollaría un programa nuclear a fin de conseguir la bomba.

A cambio, obtendría una economía libre de ataduras para atraer turistas e inversiones, dinero, comercio y poder entonces sumarse a la aldea global, sin ningún tipo de sanciones.

Al asumir la Presidencia, Trump cumplió con salirse del Acuerdo y retomó las sanciones argumentando que el texto comprometido por Obama “no era suficiente” como pacto no nuclear porque quedaban excluidos los misiles.

Todas las inspecciones realizadas por el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) confirman que, a la fecha, Irán ha cumplido con cada uno de sus términos, aunque hace unos días el presidente iraní, Hasán Rohani advirtió agriamente “que no le dará a las potencias europeas” más tiempo que el plazo del 8 de julio para salvar el acuerdo nuclear mediante una protección de las sanciones restablecidas por Estados Unidos.

A COLACIÓN

Se acaba el tiempo… desde la Organización de Energía Atómica de Irán se confirmó la decisión de continuar enriqueciendo uranio “a un nivel más alto” si la Unión Europea (UE) no busca una solución inmediata con Washington.

Y el problema es que la UE está entrampada como si fuese la rebanada de jamón en medio del sándwich: Trump le ha abierto tantos frentes a la UE que está ahogada de problemas por atender incluyendo su bomba de relojería interna con el Brexit.

En una primera fase, la UE a través del Comisariado para la Cooperación Internacional anunció un paquete de ayudas a Irán por un total de 50 millones de euros fundamentalmente destinados a empresas pequeñas y medianas.

Aunque desde el restablecimiento de las sanciones ha sido imposible de frenar la desbandada de negocios y empresas europeas en Irán, hay obras a medio terminar.

En cuanto al turismo, se han ido desde la francesa Total y lo hicieron las aerolíneas British Airways, Air France y KLM; lo único que le queda para subsistir es el petróleo, y Rohani ha dicho que la UE no está comprando lo suficiente. Si compra, EU acorrala a la UE, sino compra, Irán amenaza con volver a enriquecer uranio a partir del 8 de julio próximo.

En mi opinión es muy grave: en política exterior, Washington está jugando con granadas de mano ha vuelto a los años de la cerrazón que dejó la Gran Depresión de 1929-1930 y a la política del palo y de la zanahoria de la década de 1970.

Trump está dividiendo al mundo entre sus amigos y los que no lo son, a Europa le exige una nueva política Marshall en la que acepten las condiciones de la Casa Blanca para orbitar a su alrededor y comprarle desde armamento militar hasta más y más bienes y servicios. Y sobre todo busca a como dé lugar una guerra con Irán.

Directora de Conexión Hispanoamérica, economista experta en periodismo económico y escritora de temas internacionales.

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