Atlixco. En las faldas del cerro de San Miguel, luce imponente, bello y antiguo el exconvento Franciscano que forma parte de templo de Santa María de la Asunción Acapetlahuacan. La ciudad de Atlixco no se piensa sin él, una toma clásica para los turistas es este inmueble, teniendo de fondo al volcán Popocatépetl.

Desde el corazón de la ciudad parece pedir que la gente vaya a conocerlo, propios y extraños se preguntan ¿cómo fue que se construyó algo tan bello en un terreno tan complicado? en una época donde la fuerza de los indígenas de la región de Atlixco era la única herramienta con que se contaba para construir.

Y es que el exconvento de San Francisco, como se le conoce entre los atlixquenses, data del año 1540 cuando fue fundado por la orden franciscana, después de que los señoríos de Calpan y Huexotcinco (Huejotzingo) se pelearon el territorio de Acapetlahuacan en ese entonces, para convertirlo en la Villa de Carrión y en una zona evangelizada. Finalmente, este pueblo de indígenas en aquellos años quedó bajo las órdenes de Huejotzingo.

Una muestra clara de este señorío fue la construcción de esta fortaleza religiosa, que está orientada hacia el poblado indígena de Acapetlahucan, al oeste, en las faldas del centro ceremonial más importante de ese entonces, el cerro de San Miguel, con el fin único de efectuar la evangelización.

Cuenta además con las características de los edificios franciscanos del siglo XVI, es decir, una construcción tipo fortaleza medieval, la sobriedad representativa de la orden y una estructura compuesta por cuatro áreas principales: el atrio, el templo, el claustro y la huerta, así lo relata la cronista de la ciudad Cecilia Cabrera, que ha sido recopilado en un folleto editado por el recientemente creado Patronato pro reconstrucción de Santa María de la Asunción Acapetlahucan.

Y continúa el texto: “El atrio, como aportación arquitectónica de la Nueva España fue diseñado para albergar al mayor número de feligreses, acorde a las necesidades de la evangelización de los nativos del Valle de Atlixco y a la naturaleza del terreno. A esta parte del inmueble se ingresa por una arcada doble con elementos tipo barroco, la barda original debió de ser de material y diseño sencillo, pero de ella quizá sólo quedan rastros en el ángulo noreste del conjunto atrial, el resto fue reconstruido en el siglo XVIII, con piedra volcánica y argamasa, elementos con los que se construyeron también arcos invertidos que demuestran el interés por enriquecer la vista con diseños creativos. Entre uno y otro arco se dejaron nichos para el rezo del vía crucis”.

Uno se encuentra con la grandiosa fachada del templo, de frente plano y poderosos contrafuertes, el convento se sitúa a su derecha. La decoración externa de sus muros se compone por un friso en la parte alta, el cual corre por todo el perímetro en una línea de cruces negras de tipo griego, con brazos iguales y al llegar a la parte posterior los cabos se muestran trebolados, emulando el estilo mudéjar; al parecer la almena superior se localiza en el ángulo noreste del edificio, aún es la original.

En esta portada también se puede observar diversos motivos alusivos a la orden franciscana, el más claro de ellos es una escultura del mismo monje San Francisco de Asís, la cual actualmente ya se encuentra si uno de sus brazos, que se cree perdió en alguno de los sismos de los años recientes.

Al interior del tempo se mezclan los estilos salomónicos, gótico, así como los idiomas latín y griego en diversos puntos de esta nave larga y alta, que cuenta con un coro, una pila de agua bendita del siglo XVI, sin embargo, de sus retablos coloniales no hay rastro alguno.

El edificio se complementa con un espacio conventual con una fachada sencilla y que se convierte en el llamado “Portal de peregrinos”, es decir, donde pasaban la noche aquellos viajeros que llegaban hasta este lugar. El convento al interior está conformado por la portería, sala de profundis (para la oración común), la cocina, el refectorio, la sacristía (que comunica el claustro con el templo). En la parte alta se encuentra las celdas o habitaciones y otros espacios dedicados a la enseñanza.

En las paredes de esta área, se pueden apreciar restos de una pintura mural con diversidad de temas y escenas del evangelio cristiano; pinturas que por malas reparaciones en los muros han sido borradas en diversos tramos. También cuenta con una hermosa huerta, pequeña a diferencia de otros conventos del mismo tipo y orden, debido a las condiciones del terreno sobre el que fue construido.

El encierro de San Francisco

Durante las últimas décadas este convento permaneció cerrado por orden del párroco responsable en su momento, la entrada fue prohibida para cualquier tipo de personas sin importar su cargo gubernamental. Debido a esto se desconoce a la fecha el total de las reparaciones que se hicieron, aunque es preciso mencionar que al parecer no fueron muchas, porque en la actualidad este edificio histórico se encuentra en graves problemas en su estructura.

La humedad y los sismos ya están haciendo estragos en los cimientos y muros del complejo, lo que está a la vista es la barda perimetral, la cual se ha convertido en un riesgo alto para las ciento de familias que tienen sus casas habitación a los pies de esta construcción.

En las últimas administraciones, el llamado por parte del área de protección civil municipal y estatal para desalojar la zona, previniendo un posible desgajamiento de esa parte del cerro es constante, pero no se obtiene respuesta por parte de los vecinos. Hubo la propuesta de darles una casa en otra ubicación, pero tampoco fue aceptada.

En los últimos meses y gracias a la conformación del Patronato Pro Reconstrucción de Santa María de la Asunción Acapetlahucan, que se ha dedicado a la tarea junto con el párroco de visitar a cada uno de los vecinos y plantearles la situación y es como se está logrando que al menos permitan entrar a quienes en algún momento puedan llevar acabo la reconstrucción y reforzamiento de la barda.

El deterioro de San Francisco

El arquitecto Manuel Reyes Marín, miembro del patronato, en rueda de prensa reciente, realizó ante los reporteros un detallado informe sobre los daños estructurales que tiene el inmueble y que lo convierten en un riesgo latente para los vecinos y para la historia, debido a la invaluable importancia religiosa que representa para la humanidad.

El primero y más grande de sus problemas es la humedad, debido a la construcción de casas en su entorno y al cemento de los andadores que lo rodean, el agua ya no filtra debidamente hacia el subsuelo del cerro, de tal forma que se está infiltrando hacia los cimientos y la muestra más clara es la humedad que comienza a subir por los muros en toda la nave del templo.

A esto se suma la polilla, debido a que gran parte del retablo de pisos y techos del convento están hechos con madera, esta ha sido infestada por polillas que lo ponen en riesgo de romperse en cualquier momento. Para cerrar con broche de oro, los sismos de 1985, 1999 y 2017, logran abrir fisuras en sus muros, lo que debilita aún más la estructura.

Por ello los miembros de este patronato, piden a la sociedad de Atlixco, a los empresarios, a los gobiernos municipal, estatal y federal mirar hacia San Francisco para apoyarlos en la reconstrucción no solo de la barda perimetral, para la cual ya se autorizaron 3 millones de pesos, que consideran serán insuficiente; si no también para rescatar el templo y el convento, antes de que el tiempo siga haciendo mella en ellos.

En tanto, como patronato, están planteando una serie de actividades para poder recaudar fondos, conciertos, rifas, esto a la par de las actividades religiosas, como en estos días que se realiza venta de antojitos en el atrio como parte de los festejos a Santa María de la Asunción.

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