Hace unos días entrevisté a Pedro Duque, ministro de Ciencia, Innovación y Universidad del gobierno de España,  quien además ha logrado una prolífica carrera como astronauta.

De hecho, ha realizado dos misiones espaciales: en 1998, a bordo del transbordador Discovery permaneció con otros compañeros astronautas durante nueve días en el módulo experimental de la Agencia Espacial Europea; y en 2003, volvió al cielo como ingeniero de vuelo, esta vez  en una Soyuz TMA, en el intervalo de diez días que permaneció en el cosmos visitó la Estación Espacial Internacional.

En la opinión del actual ministro español -que además ha sido formado en centros espaciales de Estados Unidos y Rusia- sería erróneo y muy peligroso que el universo terminase militarizándose.

 “Esperemos que seamos capaces de evitar este fenómeno ya tuvimos una primera etapa en la que Estados Unidos parecía que iba a implementar unos sistemas militares en el espacio para protegerse de los misiles rusos y la verdad es que aquello fue una gran crisis política… ojalá aprendamos de eso”.

Si bien Duque reconoce que siempre es un riesgo porque como es lógico la tecnología espacial según se va desarrollando hace que más cosas sean posibles con base a los satélites.

 “Y cuantas más cosas son posibles, más cosas son necesarias y en caso de guerra los militares tendrían más interés en destruirlos, por lo tanto, los satélites son activos que cada vez son más relevantes para tener una  superioridad militar”,  me dijo en exclusiva.

Este año la Casa Blanca logró incluir en los presupuestos una partida novedosa para el Pentágono en aras de crear un ala espacial militar; el año pasado, el vicepresidente Mike Pence anunció el surgimiento de  la Fuerza Espacial de los Estados Unidos (USSF, por sus siglas en inglés)

 Trump firmó un decreto -el 18 de junio de 2018- estampando dicha decisión en el documento de la Directiva de Política Espacial, quedó estipulado como “la sexta rama de las Fuerzas Armadas” que contará con 140 satélites y 18 mil militares.

El presupuesto estimado es de 8 mil millones de dólares junto con la Agencia de Desarrollo Espacial para coordinar las operaciones espaciales ofensivas y defensivas.

Básicamente son satélites que Estados Unidos ya tiene en órbita los hay de: comunicaciones, espías, de comunicaciones militares, de alerta temprana, metereológicos, algunos del Pentágono y GPS.

“Tiene que haber un dominio de Estados Unidos en el espacio, no queremos que China y Rusia o bien otros países nos lleven la delantera, vamos a hacer todo por volver a la Luna y llegar a Marte”, afirmó el dignatario norteamericano.

Su meta de largo alcance incluye “además de plantar nuestra bandera” y  “dejar nuestras huellas” establecer una presencia semipermanente con la intención de construir las bases para una futura misión a Marte.

A Trump, su inquietud, pasa por  “la defensa y el dominio del espacio”, porque allí también “se combaten guerras, igual que en tierra, mar y aire”. La visión futurista de Star Wars podría cumplirse algún día.

A COLACIÓN

 ¿Por qué ahora? Los informes del Pentágono acerca de la actividad militar de países como Rusia y China han alentado a Trump y a Pence a tomar la iniciativa que consideran dejó postergada el anterior presidente Barack Obama quien conocía el informe del misil que China disparó en 2007; fue tan contundente que lo probó autodestruyendo uno de sus satélites.

Otro informe da cuenta pormenorizada del trabajo de Rusia en un sistema aerotransportado de arma láser de alta potencia destinado a interferir y alterar la comunicación satelital. Este es el futuro que se nos viene encima.

Directora de Conexión Hispanoamérica, economista experta en periodismo económico y escritora de temas internacionales

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