Odín Dupeyrón y Erika Blenher compartieron emotivas reflexiones con el público en el auditorio del Complejo Cultural Universitario (CCU) a través la puesta en escena “Veintidós, veintidós”. A vivir intensamente, a no pensar que los problemas son eternos y a entender que cada sí y no que se dice en el trayecto afectan para bien, para mal o para nada la vida, fueron algunos de los mensajes.

En una escenografía que simula una recámara es donde se desarrolla todo el montaje escrito y dirigido por Odín Dupeyrón.

Erika Blenher interpreta a Verónica, una mujer que ha tomado la decisión de terminar con su vida; los “terribles acontecimientos” que ha pasado en los últimos años la hacen pensar que esta es su única salida.

Durante los primeros minutos de la trama se le ve a la mujer entre lágrimas, sollozos, tristeza y desesperación, grabando audios para que conste que se trató de un suicidio y al llegar la hora fatal, 22:22, es cuando aparece Odín, interpretando a un ATT, que se traduce como Agente de Transición al Término y le explica a quien se acaba de matar que bastarán unas preguntas para “pasar al otro lado”.

Confusión es el primer sentimiento que llega en Verónica. Ella no sabe qué pasa, si está en el Limbo, en el Purgatorio o incluso en el Edén, según ciertas creencias. El ATT desea terminar pronto con el proceso, pero una serie de interrogantes llegan a la mujer a quien se le debe “cantar” su hora de muerte para que esté oficialmente muerta . Sin embargo, tras una acalorada conversación, el final resulta inesperado.

Algunas lecciones de esta obra fueron: El suicidio es una solución permanente para un problema pasajero. La gente cambia porque las almas se transforman, el espíritu evoluciona, los sentimientos se vuelven más profundos con el tiempo o se desvanecen hasta desaparecer. Nadie es responsable de nuestros actos más que nosotros mismos. No existe el destino, pero el sí el “sino”, confirmada por dos palabras que le van dando rumbo a nuestra vida.

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