Atlixco. Fue a las 10 de la mañana cuando la deidad Macuilxóchitl con su piel azul y su tambor inicio el ascenso a la plazuela de la danza, Neototiloyan, seguido de decenas de danzantes, quienes sin borrar la sonrisa del rostro y pese a lo difícil del camino, como cada año llenaron de color, alegría y baile los caminos de las colonias: Ahuehuete, Solares chicos y Solares Grandes.

El sol comenzaba a elevarse en la bóveda celeste, inundando con su calor el camino que seguían los participantes en esta fiesta chica en su edición del 2019, un evento cultural que concentra las danzas y trajes auténticos de algunos lugares del valle de Atlixco.

Acompañados de cientos de observadores llegaron a la plazuela de la danza, ubicada a la mitad del cerro de San Miguel, en donde tras pasar por un arco hecho con cucharilla, realizaron un breve desfile para después tomar sus lugares y esperar su turno ante el público que este año rebasó el número del 2018.


Para el comité organizador esto es una buena señal de que la fiesta se está arraigando entre los atlixquenses, ya que el público está conformado principalmente por habitantes de la ciudad, quienes encuentran en el Atlixcayotontli la oportunidad de disfrutar este aspecto cultural con acceso libre, sin la presión que impone el protocolo del Huey Atlixcáyotl.


Tras el recate de esta parte de la fiesta, el “Tontli” que significa pequeño, se ha convertido en el preámbulo para el “Huei” que significa grande, dando así inicio oficialmente a este tipo de eventos culturales que preservan de una manera sin igual la entidad poblana, las tradiciones, trajes y bailes de las regiones etnogeográficas del Estado de Puebla.

Por esta razón el Huey Atlixcáyotl, es hoy por hoy la fiesta cultural más importante de Puebla, reconocida a nivel nacional e internacional al mismo nivel que la Guelaguetza en Oaxaca. Es importante dejar en claro que antiguamente con ritos y danzas las más importantes festividades prehispánicas se celebraban en par y el Atlixcáyotl no es la excepción, la primera de este par en su caso es el “Tontli” y la segunda el “Huei”.

La fiesta chica o el inicio de la fiesta este año, contó con la participación de danzantes provenientes de municipios de la región del Valle de Atlixco como: Huaquechula, Tianguismanalco; Acatlán de Osorio, Cuetzalan del Progreso y se tenía programado a invitados de Huejotzingo que por razones no especificas no llegaron al evento.

El primero en danzar fue la deidad Macuilxóchitl que significa ‘Dios cinco flor’; la leyenda dice que el descendiente de la vía láctea que venía junto a su hermano Xelhua fundando pueblos; estos dioses pasaron por Cholula y entonces Macuilcóchitl se quedó en Atlixco porque le gusto.

Este era un joven Dios de la danza, del crecimiento de las flores y del canto, a su paso por la plazuela en la actualidad, bendice el lugar con un acto ritual para pedir permiso a los dioses para danzar para ellos. Por ello es de suma importancia que sea el encargado de abrir esta festividad.

Cabe hacer mención que esta fiesta cultural se realiza en la plazuela ubicada en el cerro de San Miguel, que anteriormente recibió el nombre de Macuilxochitépetl, que era el centro de cultos ceremoniales y ofrendas para los dioses Quetzalcóatl y Macuilxóchitl. Hoy en día es el escenario para que los pueblos de la zona que tienen aún el ánimo de acercarse religiosa y espiritualmente a sus dioses lo hagan.

De la región de los valles centrales, del municipio de Atlixco se contó con la presentación del bailes de las calabazas y convite; el cual se baila desde principios del siglo XX, en ese entonces las chinas atlixqueñas, que son aquellas que comercializaban producto en el mercado, acudían a los fandangos llevando zapatillas de raso de seda en la mano para no ensuciarlas. Los charros de a pie las acompañaban repartiendo mezcal entre la concurrencia.

Esta es la danza en donde hacen su aparición las icónicas mojigangas, que son muñecos gigantes vestidos con manta simulando una china atlixqueña y un charro de a pie, convirtiéndose en los protagonistas de la festividad, pese a que representan de una forma tosca a los habitantes de Atlixco de aquel tiempo, pero que con el paso de los años se convirtieron en la imagen del ambiente festivo.

También se contó con la presentación de la región de la tierra calient , Santiago Tetla del municipio de Huaquechula, presentó este baile que se realiza el cuarto viernes de cuaresma, recreando el cuadro costumbrista de las mujeres trabajadoras y productoras de palanqueta junto con la imagen de los “peregrinos” que año con año acuden al santuario a venerar y pedir al señor de la Esquipulas.

Por parte de San Juan Tianguismanalco, estuvo presenta la ‘Cuadrilla Tarrasgota’, que son bailes que llegaron de Europa para la aristocracia, quienes las recrearon en los palacios y grandes fiestas, pero el pueblo las tomó y adaptó a su gusto con una connotación pintoresca y festiva. Se dice que muy posiblemente el nombre nace de los “tarrazgueros”, haciendo referencia a los campesinos asalariados.

El baile del panaderito, de la colonia Solares Chicos de Atlixco, fue unos de los que arrancó las carcajadas entre los asistentes, pues pese a recrear una escena de la muerte de un menor de edad, las costumbres indican que la gente con la idea de que el infante fallecido no debía ir al cielo triste, realizan una seria de juegos para que la sombra del difunto no se quede para siempre en la casa que habitó.

La danza de las moras de la región de los volcanes, de la comunidad de San Pedro Benito Juárez en Atlixco, es una de las más reconocidas y originales que suelen presentarse en esta fiesta, surgió en 1524 y fue introducida por los frailes españoles durante la época colonial para la evangelización. Es una lucha entre cristianas y moras, en donde al final del baile ganan los cristianos y las moras son bautizadas.

De Cuatzalan del Progreso, de la región del Totonacapan, los “Quetzalines”, es una danza que tiene su origen en el año 600 a. C. cuando 12 hombres pidieron al Dios Sol abundancia para el pueblo, sin embargo cuenta la leyenda, sólo cinco de ellos lograron subir a la punta del árbol más grande de donde descendió a semilla dadora de vida y los demás agradecieron con danzas desde a tierra, es decir los quetzalines.

Una de las historias más importantes de esta ciudad también fue representada, esa lucha del bien contra el mal que tiene como protagonistas al arcángel San Miguel y al diablo, que acompañado por los ‘Huizos’ una especie de diablillos, recorren la colonia Ricardo Reviño de esta ciudad. Cada 29 de septiembre que es el día que se venera a este arcángel, los ‘huizos’ salen a hacer diabluras por las calles de esta colonia, los habitantes les regalan dulces hasta que San Miguel vuelve a apresar al demonio y lo encierra en la ermita en la punta del cerro.

Sin lugar a dudas, la danza de los Tecuanes de Acatlán de Osorio, representando a la mixteca es una de las preferidas de los fan de esta fiesta, y como cada año se contó con su presencia. La danza representa dos tribus, la chichimeca y la zapoteca, confabuladas para “trampear” al tigre o jaguar. Los personajes son los ‘huehues’ que significan viejos, el perro, el toro, el burro, el diablo, la muerte, la curandera y el tigre o jaguar.

El broche de oro llego, casi dos horas después de iniciada la fiesta con los voladores de Cuetzalan del Progreso; este es un rito prehispánico que ha sobrevivido por más de 25 siglos. Los danzantes comienzan a bailar entorno al palo, tras de hacer el ritual correspondiente comienzan a ascender esta estructura que en Atlixco es de metal con más de 20 metros de alto.

Al llegar a la punta el caporal, comienza a sonar su flautín y su tambor, al mismo tiempo que danza pidiendo a los cuatro puntos cardinales permiso para emprender el vuelo y la reverencia es hacia atrás abriendo los brazos con la mirada hacia el universo. Después se sienta en el centro, en la punta para ser exactos y los otros cuatro danzantes se preparan para el vuelo, durante el cual cada uno de los voladores da 13 vueltas, lo que representa un siclo de fuego nuevo, pues en conjunto son 52 vueltas.

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